Queridos socios, queridas socias,

Os hacemos llegar un nuevo número de nuestra revista, que incluye varios contenidos dedicados al trabajo que realizamos para paliar y reducir el impacto de los fenómenos naturales. Lamentablemente es algo con lo que nos enfrentamos de manera habitual en los lugares donde desarrollamos proyectos, y que en los últimos años está centrando una parte importante de nuestros esfuerzos.

Como bien sabéis, nuestro apoyo se centra en personas que no tienen la posibilidad de salir adelante por sí solas y que en su gran mayoría viven en territorios rurales aislados. Es un trabajo constante y a largo plazo, que permite sacar de la pobreza a muchas familias. En estos lugares, además de no existir alternativas para tener una vida suficientemente digna, se concentran un número importante de riesgos motiva-dos por los cambios que se están produciendo en el clima a nivel global. Por ello, nos hemos visto inmersos en varias crisis humanitarias en los últimos tiempos, actuando en países como Haití, Nepal, Etiopía, Ecuador o recientemente en Perú, paliando de forma inmediata los efectos de terremotos, sequías e inundaciones que han complicado aún más la vida de muchas personas.

Está demostrado que los desastres naturales perjudican sobre todo a las personas pobres y vulnerables. Se ven las consecuencias a nivel de países afectados, pero también dentro de ellos, dañando más a los que menos tienen. Por aportar algunos datos, más del 70% de los territorios mayormente expuestos a desastres en el planeta se encuentra en países de ingreso bajo, que cada vez sufren con mayor periodicidad y virulencia los efectos de los cambios en el clima. Recientes estudios muestran cómo el 90% de los desastres naturales están relacionados con este factor, mientras que el 10% restante son de origen geofísico, como por ejemplo los terremotos o las erupciones volcánicas. Del primer grupo, los más mortíferos y de efectos más graves son las inundaciones y las sequías, causantes del 80% de las víctimas y que son predominantes en algunos países donde estamos trabajando.

“Está demostrado que los desastres naturales perjudican sobre todo a las personas pobres y vulnerables”

Por todo ello, nos vemos obligados a actuar en muchas ocasiones sin que estuviera previsto. A prestar ayuda humanitaria y de emergencia a las comunidades en las que trabajamos, intentando que enfrenten las consecuencias de fenómenos naturales. Pero también nos reafirmamos en que es necesario incorporar la gestión de riesgos de desastres en la planificación del desarrollo. En muchas ocasiones, una buena prevención es lo único que puede atenuar, e incluso revertir, el impacto devastador de estos sucesos. Un buen ejemplo de ello es el trabajo que realizamos desde hace años en Centroamérica, del que hablamos en este número.

El efecto de los desastres continuará aumentando. Por ello, la combinación de población altamente vulnerable y de nuevos riesgos provocados por el clima va a centrar sin duda buena parte de nuestros esfuerzos. Se calcula que a nivel mundial el cambio climático amenaza con sumir a otros 100 millones de personas en la pobreza extrema para 2030 y esperamos ser una ayuda para un grupo de ellos.

Firma Director General

 

 

 

 

 

Fernando Mudarra – Director General