Una de las principales consecuencias del cambio climático en América Latina en los últimos años ha sido el agravamiento de las sequías. Tan sólo en 2016, de los 8,2 millones de personas afectadas por desastres naturales en el continente, casi 4 millones lo fueron debido a ellas.

Más de tres millones y medio de personas necesitan asistencia humanitaria en el Corredor Seco Centroamericano. La razón, esta región vive desde hace casi una década una de las sequías más graves de su historia. Los países más afectados son Guatemala, El Salvador y Honduras, siendo las zonas rurales las más vulnerables y los pequeños productores los mayores perjudicados.

En Guatemala, por ejemplo, hay más de 150.000 familias que han perdido entre el 50 y el 100% de sus cosechas; en Honduras, de los 18 departamentos del país, 12 están afectados por la falta de lluvias; y en El Salvador, sólo en 2015, se perdió el 60% de la cosecha de maíz.

El cambio climático ha traído consigo el agravamiento de las consecuencias del fenómeno climático de El Niño, caracterizado por largos períodos de sequía que han producido la pérdida consecutiva de varias cosechas. Según las proyecciones, el hecho de que se agrave El Niño tiene como consecuencia directa la intensificación de La Niña, asociada con fuertes lluvias que suelen ir unidas a la temporada de huracanes en el Atlántico (de junio a noviembre).

La sequía se convierte así en un problema socioeconómico que afecta directamente a la pérdida de medios de vida, que empobrece a los pequeños productores y es una de las principales causas para la migración en la región. La inseguridad alimentaria es otra de las consecuencias más graves de esta situación que conlleva no sólo la escasez de alimentos sino también la falta de diversidad en la dieta, aumentando el riesgo de desnutrición en niños menores de 5 años.

“En Bolivia, la falta de agua no sólo es grave por las pérdidas equivalentes a más de 125 millones de dólares sino por el riesgo que supone para la seguridad alimentaria”

10 AÑOS DE SEQUÍA EN EL CORREDOR SECO

Desde finales de 2014 y en el marco de la Estrategia Centroamericana de Desarrollo Rural Territorial (ECADERT), Ayuda en Acción trabaja de forma regional en el Corredor Seco Centroamericano para minimizar el impacto de la sequía en Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua a través de un proyecto cofinanciado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

El objetivo principal es apoyar a las familias rurales más pobres, mayoritariamente indígenas, que viven de la producción agropecuaria y pes-quera, del comercio de pequeños excedentes y artesanías, ubicados en territorios altamente vulnerables a los fenómenos meteorológicos extremos que amenazan sus medios de vida. En este contexto, Ayuda en Acción apoya especialmente a las mujeres, jóvenes, niños y niñas, comprometiéndose en la defensa de sus derechos.

BOLIVIA, LA PEOR SEQUÍA EN 25 AÑOS

Desde finales de 2015, el país andino vive la peor sequía del último cuarto de siglo. Hasta la fecha, siete de las principales ciudades de Bolivia –La Paz, El Alto, Cochabamba, Sucre, Oruro y Potosí– han sufrido la escasez de agua. Según datos oficiales, la situación afecta ya a más de 177.000 familias, se han perdido más de 600.000 hectáreas de cultivos y la misma cantidad en cabezas de ganado, lo que pone en jaque los medios de vida de cientos de miles de personas.

Y todo esto en el seno del país que consiguió que Naciones Unidas reconociera como universal el derecho humano al agua en el año 2010. Un país que era muy rico en sus recursos hídricos pero que ha visto cómo la amenaza del calentamiento global los ha ido mermando. Los glaciares andinos, fuentes naturales de provisión de agua están desapareciendo de manera acelerada. Todo ello, unido a la deficiente situación de los sistemas de distribución y gestión del agua, tiene como resultado que las limitaciones para acceder al agua en la zona rural y urbana sean cada vez mayores. Pero hay otras causas muy arraigadas en el contexto boliviano que también afectan a esta situación y que son: el desarrollo de la minería al pie de los glaciares; el sobreuso para el pastoreo de los bofedales –humedales de altura permanentes– que estabilizan los flujos de agua; el aumento del consumo de agua por el crecimiento urbano, a pesar de desarrollarse una conciencia de ahorro y buen uso doméstico; y finalmente, la falta de identificación de nuevas fuentes de agua.

La falta de agua no sólo es grave por las pérdidas equivalentes a más de 125 millones de dólares sino por el riesgo que supone para la seguridad alimentaria de casi un millón de personas, la mayor parte de ellas de las zonas rurales. Además de esto, la sequía afecta también a la salud de la población por la calidad del agua a la que accede; según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el consumo de agua insalubre es uno de los factores principales en la transmisión de enfermedades gastrointestinales, provocando altas tasas de desnutrición y mortalidad, sobre todo en los niños y niñas.

Ayuda en Acción trabaja en Bolivia desde hace 25 años en proyectos de desarrollo territorial para mejorar las condiciones de vida de las personas que viven en las zonas más desfavorecidas del país. Actualmente estamos presentes en 26 municipios rurales en los que establecemos como uno de nuestros objetivos principales el uso y aprovechamiento del agua.

En estos años, hemos desarrollado e instalado sistemas aislados de agua segura para consumo humano en las comunidades, sistemas altamente eficientes en la captación del agua, ya que a partir de pequeños caudales se colecta para su posterior distribución entre la población, pudiéndose interconectar a las redes domiciliarias. También trabajamos en la protección de las fuentes naturales de agua a través de las Áreas Naturales de Semilla de Agua (ANSAS) y allá donde se encuentra la fuente natural de agua, se realizan obras de protección y de forestación, ejecutadas por los propios campesinos. En cada área rural también desarrollamos acciones específicas de Información, Educación y Comunicación (Estrategias IEC) con las autoridades, en los domicilios y en las escuelas.

En el caso concreto del municipio de Azurduy –en los Andes bolivianos–, la población ha visto cómo se ha reducido drásticamente la temporada de lluvias. La escasez de agua generaba inseguridad alimentaria y desnutrición crónica, para solucionarlo construimos –junto con la Fundación José Entrecanales Ibarra– una red de captación y almacenamiento de agua que incluye la construcción de una presa, 15 lagunas colinarias y 30 estanques de ferrocemento que beneficiarán directamente a más de 2.000 personas. Esta obra de ingeniería fue galardonada el pasado mes de marzo con el Premio Internacional de Cooperación al Desarrollo de dicha fundación, el cual recibimos de manos de S.M. el rey Felipe VI.

Es innegable que el cambio climático ha llegado para quedarse y que, con él, el problema del acceso al agua se plantea como la cuestión funda-mental a escala global. Por ello, en Ayuda en Acción trabajamos para prevenir las consecuencias de esta grave situación que, como siempre, afecta en mayor medida a las personas más vulnerables.

Por Inma D. Alonso

Foto: Salva Campilllo / Ayuda en Acción

NUESTRO TRABAJO EN GESTIÓN Y PREVENCIÓN DE RIESGOS ES POSIBLE GRACIAS AL APADRINAMIENTO APADRINA.AYUDAENACCION.ORG