En 2015 dos terremotos sacudieron miles de vidas en Nepal y desde hace año y medio nuestros esfuerzos se enfocan en su reconstrucción. Recuperar medios de vida, asegurar la educación y la salud o luchar contra la trata son algunas de las tareas que estamos llevando a cabo en el país. Las estamos haciendo con nombre de mujer.

En Nepal, las horas parecen agotarse con más lentitud para las 3 millones de personas que se vieron afectadas por los terremotos de 2015. Han pasado ya dos años desde las dos enormes sacudidas que un 25 de abril y un 12 de mayo dejaron un saldo de 9.000 muertos, 700.000 viviendas derrumbadas y 288.000 dañadas o la destrucción de más de 8.000 centros escolares y de 1.000 centros de salud. Apenas medio millón de esos tres millones de afectado ha recibido el apoyo prometido por la Autoridad para la Reconstrucción Nacional (NRA) debido a la inestabilidad del gobierno.

Tras los seísmos, las organizaciones sociales nos afanamos en dar res-puesta de forma inmediata a las necesidades urgentes de una población ya de por sí extremadamente vulnerable antes del desastre natural: Nepal es uno de los países más pobres de Asia. En la actualidad y desde noviembre de 2015, nos centramos junto con ActionAid en la reconstrucción; en la recuperación de los medios de vida e infraestructuras en 7 de los 14 distritos afectados de forma severa (de un total de 31/75 distritos afectados) por los seísmos: Katmandú, Lalitpur, Sindhupalchowk, Rasuwa, Kavre, Dolakha y Makwanpur. Y lo hacemos poniendo a las mujeres al frente, haciendo que ellas asuman un rol de liderazgo en la ejecución de los programas de asistencia humanitaria y reconstrucción. Las mujeres son marginadas en la mayor parte de comunidades nepalíes, donde el patriarcado está fuertemente arraiga-do, ¿por qué no fomentar la equidad convirtiendo a las mujeres en actores fundamentales de sus comunidades y del proceso de reconstrucción?

Rita Mahjaran sonríe a la cámara mientras entrega colchones en una de las comunidades rurales afectada por los terremotos; “nunca podía hablar o expresar mis problemas en familia, pero ahora puedo hacerlo en público. Es un enorme cambio en mí y en mu-chas otras mujeres de mi comunidad. El terremoto destrozó nuestras casas pero nos brindó la oportunidad de unirnos; las mujeres estamos unidas y más fuertes que nunca. Nos sentimos con fuerza para ser parte de todos los trabajos de desarrollo en la comunidad”. Ella es una de las 89 mujeres de los distritos de Katmandú y Rasuwa que han recibido formación para convertirse en líderes comunitarias. En los primeros meses tras al terremoto formaron parte de los comités de mujeres a través de los que se canalizó la distribución de la ayuda de primera necesidad. “Fui miembro de uno de los Comités de Distribución de Mujeres. Recopilamos información de las familias afectadas por el terremoto y, basándonos en esa información y las necesidades detectadas, priorizamos quiénes debían ser los primeros beneficiarios en recibir ayuda”, recuerda Shree Devi Deshar.

“El terremoto destrozó nuestras casas pero nos brindó la oportunidad de unirnos; las mujeres estamos unidas y más fuertes que nunca”

El éxito de estos comités llevó a la constitución de Comités de Reconstrucción Liderados por Mujeres, a través de los cuales las mujeres llevan a cabo la gestión de los más de 20 espacios seguros para mujeres establecidos tras los terremotos –ahora sirven además como centros de formación, participación, asesoramiento legal en casos de violencia de género– o la selección de beneficiarios de los programas de reconstrucción. Ambas plataformas han demostrado ser un punto de acceso de las mujeres a sectores normalmente do-minados por hombres, unos espacios de empoderamiento para que demuestren su liderazgo.

“Me llamo Saradha Pahari y soy miembro de un espacio para mujeres en Badikhel. Mientras discutíamos y compartíamos nuestros problemas en el centro, decidimos presentar una propuesta al consejo municipal. Me sentí genial hablando en nombre de las mujeres de mi comunidad ante las autoridades; me sentí como un líder”. Cuando recogimos estas palabras la propuesta no había sido aprobada, pero hoy las mujeres de Badikhel celebran su éxito. Antes, solían pasar la mayor parte de su tiempo en sus hogares; ahora se jactan de su capacidad para influir en la agenda pública y de formar parte de la recuperación de vidas en su país.

EN AYUDA EN ACCIÓN, GRACIAS A LA COLABORACIÓN DE TODOS LOS DONANTES DE ESTA EMERGENCIA, HEMOS CONTRIBUIDO A CONSEGUIR LOS SIGUIENTES LOGROS:

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133.485 personas han recibido apoyo a través de los programas de asistencia humanitaria (entre abril y noviembre de 2015) y de reconstrucción comunitaria (desde noviembre de 2015).

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186 mujeres han recibido formación y asesoramiento legal sobre derechos de las mujeres, 89 han sido formadas para ser líderes comunitarias, 650 han recibido información sobre derechos legales sobre la propiedad de la tierra y 120 han tenido acceso a la propiedad conjunta o individual de terrenos.

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592 personas han recibido apoyo para establecer o consolidar microemprendimientos como la cría de aves de corral, el cultivo de cardamomo o de hortalizas, y 149 han recibido formación en planes de negocio y emprendimiento.

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402 mujeres y personas de colectivos marginados han recibido formación técnica enfocada al empleo en sastrería, electricidad, carpintería y albañilería.

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Se están construyendo 7 de los 10 colegios comprometidos en los planes de reconstrucción y se han constituido planes de actuación en desastres en cinco colegios ya operativos.

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1.144 agricultores reciben apoyo e insumos para establecer modelos de agricultura sostenible resistentes al clima.

LUCHA CONTRA LA TRATA: MUJERES Y NIÑAS, DOBLEMENTE VULNERABLES

De la mano de Maiti Nepal, otro de nuestros socios en el país cuya especialización es la lucha contra la trata, después de los terremotos intensificamos el trabajo de sensibilización en comunidades y de monitorización de las fronteras terrestres con India. “A través del trabajo diario en los 12 puntos de vigilancia que tenemos en la frontera abierta con India, percibimos que los intentos de traficar con niñas y mujeres habían aumentado, por lo que también aumentamos nuestros esfuerzos no sólo en la frontera, sino en nuestras labores de rescate de víctimas y nuestro trabajo de prevención en las aldeas”, recuerda Bishwo Khadka, director de Maiti, “así pudimos salvar a Kanchi, de 19 años, que perdió su hogar y a su madre en el primer terremoto. Un hombre la había engañado para llevársela a Oriente Medio, vía Bangalore, y explotarla como esclava en Dubai”. Kanchi es una de las más de 36.000 niñas, jóvenes y mujeres que la organización fundada por Anuradha Koirala, destacada activista por los derechos de la mujer en un país dominado por hombres, ha con-seguido salvar de las mafias de la trata a lo largo de 25 años de trabajo.

Por Carolina Silva

Foto: Ofelia de Pablo y Javier Zurita / Ayuda en Acción

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